La lejía nunca fue suficiente.

Lo demás son bagatelas infundadas para la conquista pero, lo que realmente quiero, es macharte de negritud y alevosía, estropearte ese bonito traje nuevo que llevas, deshilacharlo, que te lo tengas que quitar, tirarlo a la basura y olvidarte que, una vez, durante un rato, te convertiste en un demonio.